Confluencia
15 de marzo de 2020. 17:35 h. Finca Riscos del Águila.
Animoso. Nacimiento.
Animosa se apartó de sus hermanas. Algunas habían parido ya; otras, con los vientres tersos, esperaban su hora. La vaca caminó titubeante hacia la espesura que creaba un grupo de encinas. No fue directamente al rincón que había elegido para parir, protegido por las ramas que la ocultaran. Caminó una cierta distancia en círculos, dejando caer sus fluidos, para despistar a cualquier depredador que pudiera acecharla. Miraba hacia todos los lados con precaución, cercionándose de que nada ni nadie la seguía.
A una cierta distancia, sobre el caballo, en silencio, confundiendo su sombra con las sombras de las encinas, D. Magín, el mayoral de la finca, y D. Ernesto, el ganadero, observaban el recorrido que hacía Animosa.
La vaca caminaba cada vez de forma más pesada. Había dejado de emitir rastros de su viaje. Seguía mirando a todas partes, tratando de descubrir los ojos de alguna fiera que la pudiera atacar en este momento.
Los dos jinetes se miraron por un momento, se afirmaron mutuamente con un gesto de la cabeza. Los caballos que montaban parecían ser conscientes de la necesidad del silencio y lo respetaban, absteniéndose de mover pezuñas ni crines.
Animosa llegó al rincón de maleza más escondido que pudo encontrar. Respiraba agitada. De sus hocicos salía un vaho que se fundía con la ligera niebla que, todavía presente, ya anunciaba el inicio de la primavera, del renacer.
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