El paso de Patricia

El paso de Patricia

 «Doy el paso». «No, no, no, no; mejor no». «Mejor otro día».
«¿Por qué tendré que ser así?»
«Es muy fácil, levanto el pie, lo avanzo, lo bajo unos centímetros delante y, mientras cae, empujo el carro y ya está».
«Estoy decidida, allá vamos carrito y yo».
«Tonterías hija». «¿Qué más da? Bueno. Bien, concentrada. Allá voy».
«Espera, Patricia, piénsatelo».
«Sólo es un paso». «Sólo avanzar un pequeño espacio de suelo de supermercado». «¡Si no tiene la menor importancia!».
«Patricia, que te pierdes».
«Si, pero que bueno está el tío ese. Javier Díaz "no-sé-qué", dice la tarjeta que lleva como todos. Pero desde luego no es como todos, no. Y no me fijé en él por ser negro. En cuanto lo vi, me entró un cosquilleo por las tripas que ya ni me acordaba que era aquello».
«Patricia serénate». « Piensa lo que haces: estás en medio del pasillo principal de una gran superficie, frente a treinta cajas registradoras con más o menos gente, parada como una tonta desde hace, ya no sé cuánto tiempo». «¡Que estas llamando la atención!»
«Qué atención, ni que niño muerto». «Decidido. Me pongo en la cola y cuando me toque le digo algo, lo que sea, algo personal, que no tenga que ver con la compra».
«¿Qué le vas a decir, Patricia? Mira, la crema hidratante está barata y te hace falta. Hay que ver cómo se ha puesto el jamón, pero bueno sí que, está sí».
«Para bueno, el tal Javier». «¡Dios, me ha mirado!» « Me sonríe, se acuerda de mí, se ha dado cuenta de que estoy aquí por él, que he venido». «¡Ay! Yo quiero morirme».
«Patricia, aquí no se puede seguir. O a la cola de carritos o a por la leche desnatada, que no queda. Déjate de tonterías que se hace tarde».
"Está manteniendo la mirada, insiste en mirarme».
«Sí. Para eso está, para mirarte a ti, como que no tiene otra coa que hacer».
«Tampoco sería tan de extrañar. Mal no estoy. De acuerdo que una ya no tiene las cositas donde las tenía, pero yo aún me veo muy requetebién. Sigo manteniendo los pechos moderados, algo más bajos, pero como el pezón sigue apuntando arriba, hacen gracia. Los músculos están duros, que mis horas de gimnasio me cuestan y de arrugas, nada, las justas. El trasero, desde que dejé de usar las bragas clásicas que me lo aplanaban y uso las de tanga, parece como más realzado».
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