El toro de lidia, o el feedback con sentimiento
En el presente artículo se expone cómo la sociedad fija mecanismos de aprendizaje social y modelización de la realidad y las relaciones. Enumero los elementos del sistema conceptual en el plano de intercambios de materia y energía, basado en el metamodelo de Eric Swartz, describo las relaciones y mecanismos observados entre los elementos en el plano de información. Se aplica el modelo a un caso concreto, la corrida de toros tal como se realiza en el occidente europeo. Conseguimos finalmente una visión del todo del fenómeno.
Toda sociedad, comunidad o colectivo se enfrenta a problemas, algunos de los cuales afectan a su propia supervivencia, otros de menor importancia afectan a su trayectoria. En todo caso la sociedad precisa resolverlos ya sea para sobrevivir o para alcanzar sus objetivos. Pero la sociedad, como Sistema Viviente, es un sistema dinámico y complejo. Esto supone en tanto que complejo que esta formado por numerosos subsistemas que también tienen sus problemas de los mismos tipos y además en tanto que dinámico, que la composición y articulación de estos subsistemas cambia con el tiempo. Una vez resueltos los problemas la sociedad precisa conservar la tipología del problema, las soluciones aplicadas, también el proceso por medio del cual se ha llegado a la solución óptima en cada momento, los elementos que han intervenido en cada momento y aquellos que se han descartado. La forma en que se conservan son los modelos y la forma en que se expresan son los patrones. El proceso de incorporar, mantener o descartar modelos, validar su vigencia, darlos a conocer a los nuevos miembros de la sociedad, recordarlos a los que permanecen y marcar las pautas para solucionar nuevos problemas o anteriores, es lo que defino como proceso social de aprendizaje.
Cualquier colectivo tiene problemas y para solucionarlos realiza unas prácticas, es decir utiliza objetos, personas, técnicas, teorías y conceptos abstractos. Como es obvio el sistema no puede, cada vez que se le presenta un mismo problema, reinventar la solución. El sistema recuerda la solución exacta que le aplicó a cada problema que se le ha planteado en cada momento. Mantiene en el subsistema crítico memoria -en términos de Miller-, por más que por su dinamismo hayan cambiado sus miembros, o haya ganado complejidad, que objetos utilizó, que función realizó cada elemento o persona, que técnicas y teorías se aplicaron y, lo que es más importante, que “valores”, que conceptos abstractos, que actitudes conformaban la mentalidad de las personas y la configuración de los objetos y cómo se organizó el propio colectivo. Es evidente que la memoria colectiva, pues de ello se trata, conserva los objetos en museos por lo que, con el paso de generaciones, los nuevos elementos que se incorporan tienen acceso a la información. Mantiene las técnicas y las teorías en libros y estos conocimientos se transmiten a través del proceso educativo en sus distintas etapas y niveles. Conceptos abstractos del tipo “virilidad”, “fecundidad”, “nobleza”, “valor”, “fiereza”, “pasión”, “sacrificio”, “acometividad”, “tesón”,actitudes en suma, son las ideas fuerza, las ideas motor, que hacen posible la correcta utilización de los objetos y la oportuna aplicación de las teorías. Son conceptos que, en el fondo, hacen posible la resolución del problema. Estos conceptos, en la medida en que no son cosas físicas, no pueden guardarse como tales, es necesario que la comunidad proyecte sobre un objeto concreto estas ideas de forma que éste represente constantemente el concepto proyectado. Las deidades, los tótems, los ídolos, iconos en fin, panteón teológico que toda sociedad tiene y mantiene, forman parte del subsistema memoria. Como vemos la sociedad recuerda, memoriza los elementos, pero también precisa memorizar cómo se relacionaron estos elementos para resolver el problema, es decir cómo se organizó determinado colectivo en determinado momento. El rito, los distintos ritos cumplen esta función. Pero no sólo ésta, también cumplen una función didáctica. Cumplen la función de formar, de educar a los elementos que configuran la sociedad, ya sean individuos o colectivos, enseñarles cómo deben actuar para resolver sus problemas cotidianos, que relaciones deben establecer para su actuación normal. No acaba aquí la función del rito. La sociedad, como sistema que gana complejidad y que se está reconfigurando constantemente, precisa de un banco de pruebas, de un modelo teórico, sobre el cual por una parte comprobar si los valores que en su día fueron necesarios para solucionar un problema, siguen siéndolo en una nueva situación y sobre todo para verificar y validar las novedades que surgen en su seno. Constantemente aparecen nuevos valores sociales, nuevos conceptos abstractos, nuevas teorías, nuevas formas de organización social que, antes de aplicarse en la realidad, deben ser probadas sobre un modelo que reproduzca toda la realidad en su complejidad, deben ser implantadas a escala antes de incorporarse al panteón teológico vigente y por tanto a la memoria colectiva. Ésta es la función principal del rito, modelizar la realidad.
Hasta ahora tenemos una serie de elementos: problemas, soluciones, prácticas, memoria colectiva, conceptos, iconos que los detentan, ritos, nuevos conceptos que se incorporan y objetos y personas que se configuran de acuerdo con los valores sociales. Veamos ahora cómo se relacionan (Fig. 1).Los problemas afectan a la comunidad, ésta aplica soluciones en forma de prácticas, entendiendo como prácticas la ejecución de acciones en el plano de la realidad con instrumentos, utilizados por personas o colectivos, que se relacionan de una forma específica, siguiendo un patrón. Los elementos que intervienen en la solución tienen implícitos en sí mismos una serie de valores, una serie de conceptos ya descritos. La solución queda archivada en la memoria colectiva, los objetos físicos en sus lugares y las actitudes y conceptos abstractos, se fijan en objetos que, por la proyección que hace la sociedad de sus valores, se convierten en iconos con un simbolismo que trasciende su propia entidad física. Este proceso de fijación se realiza también a través de ritos de forma que todos los elementos del sistema conozcan su presencia, ahora bien son rituales excepcionales, sin repetición periódica, por lo que no asumen la función didáctica ni de modelización apuntadas. Los valores y actitudes se muestran a la sociedad periódicamente para que sean asimilados por los nuevos elementos que se incorporan al sistema y recordados a los que permanecen en él a través de la representación. La sociedad conoce nuevas actitudes, crea nuevos conceptos e incorpora a la representación del rito objetos, relaciones espaciales y funcionales. El rito se representa inicialmente con estas nuevas aportaciones. Si el nuevo elemento optimiza el modelo, o así lo entiende quien lo contempla, este nuevo concepto volverá a formar parte de la representación y con el tiempo desalojará a un icono de su significado asumiendo él la imagen o bien la sociedad incorporará un nuevo icono a su panteón. Si por el contrario se considera que el modelo no es optimizado el concepto se desterrará del colectivo, junto a las personas y objetos que estén configurados conforme a él.
Describir el mecanismo del ritual por medio del cual se producen estos procesos que está suficiente estudiado, si bien no modelizado, formaría parte de un espacio mayor que el presente, baste un pequeño esbozo. El rito tiene como objetivo que la comunidad reciba el concepto contenido por el icono. El iniciado, representando al resto de la comunidad, absorbe la esencia del totem y sirve de correa transmisora al resto del colectivo, que la recibe en forma de emociones. Para conseguirlo el oficiante invade el espacio escénico privativo del icono hasta llegar a ocupar deidad y oficiante un mismo espacio, siendo sólo uno, por medio de instrumentos y técnicas, manteniendo una relación específica con iniciados de orden inferior. Estos oficiantes, de acuerdo a su grado de iniciación, se sitúan en mayor o menor proximidad al espacio del icono. El icono es destruido simbólicamente o de hecho y fagotizado por el oficiante, los auxiliares y la comunidad finalmente. Si se cumple el objetivo la comunidad se manifiesta con gestos de fraternidad y alegría, caso contrario con tensiones internas que pueden llegar a la agresión física entre sus componentes.
En el occidente europeo, sur de Francia, España y Portugal el rito por antonomasia es la Corrida de Toros. La lidia del toro se plantea como un problema que afecta la supervivencia del colectivo y como modelo a la supervivencia del torero. El colectivo, para su supervivencia, necesita abastecerse de proteínas, vitaminas, energía. De no conseguirlo, matando animales para su consumo, la comunidad perecerá por inanición. El torero, representante de la comunidad, si no consigue matar el toro perecerá o cuanto menos sufrirá graves heridas.
Para matar el toro el torero no puede actuar a su libre albedrío. La sociedad para conseguir alimentar a todos sus elementos se organiza de una forma específica y el matador junto a sus auxiliares deben organizarse exactamente igual para realizar el trabajo encomendado. De esta forma hasta el siglo XVIII la composición de las cuadrilla está encabezada por un noble a caballo y multitud de peones todos ellos a un mismo nivel, dispuestos espacialmente por estamentos que realizan tareas indistintamente. A partir de 1750 la lidia la encabeza una persona de a pié, con capacidad para liderar a un grupo por sus conocimientos y experiencia, que distribuye el trabajo a individuos que están especializados en tareas específicas. Como vemos la transición de modelos de producción, es decir las prácticas sociales para resolver un problema, se reproducen en la representación del rito de forma isomorfa a la sociedad.
Todos los elementos que participan en la lidia toro, torero, cuadrilla, espada, banderillas, gestos, ropa, posiciones determinadas en el espacio escénico, formas de intercambiarse objetos, asumen en el plano conceptual unos valores específicos. El torero según las características del toro y su propia personalidad, a adoptado una actitud y para invadir el territorio del animal que se plasma en unos movimientos concretos, en una técnica. Esta relación, características del toro y personalidad del torero, que puede ser de inmovilidad, pasión, “aguante”, pasos hacia adelante o atrás, convierten al puro y simple individuo en paradigma del concepto, en icono del mismo. Tal es el caso de “Joselito” con la grandeza, Domigo Ortega con el dominio, “Manolete” con el estoicismo, o el “Viti” con el señorío, o Ponce con la pureza. Si tomamos como ejemplo la protección o no protección del caballo, fundamental, éste en la lidia, constatamos que se corresponde a la mayor o menor protección de los medios de producción.Hasta 1750 el caballo, símbolo de los medios de producción en manos de la nobleza, es protegido de la acometida del toro por los subalternos. Hasta principios del XX, aparece desprotegido y es agredido o muerto por el toro, símbolo de la esencia del pueblo. Con el definitivo asentamiento de la burguesía y la apropiación de los medios de producción por su parte, el caballo, su icono, debe ser protegido del toro-pueblo y se le reviste de una coraza moderna. El caballo en sus distintos estados pasa de ser un simple animal para convertirse en el símbolo de las herramientas. Los gestos con que se intercambian objetos en la representación son paradigmas del respeto y la ubicación de cada cual.
Todos estos conceptos, sutilmente asentados en sus respectivos tótems, se escenifican periódicamente ante el colectivo. El espectador recibe sensorialmente las relaciones de los objetos, pero al tratarse de una situación límite de supervivencia, no olvidemos que el toro puede matar al torero sin paliativos, también recibe impulsos emocionales. Son estas emociones las que fijan en su interior, de forma no racionalizada, los conceptos implícitos en los elementos. Así los interioriza y se constituyen en patrón de comportamiento para enfrentarse a su cotidianidad. El colectivo y los individuos asimilan, es decir aprenden, modelos de comportamiento que cristalizan en patrones de conducta cuando se aplican a la solución de un problema sea al nivel que sea.
El devenir del sistema genera emergencias, es decir que las relaciones de distintos subsistemas entre sí y con el sistema en su conjunto dan lugar a la aparición de elementos nuevos en la totalidad. Pero estos elementos, en ocasiones conceptuales, deben mostrar su validez. El mecanismo para validarlos, como se ha dicho, es el propio ritual. No debemos perder de vista en ningún momento que el toro de lidia no es un elemento en estado natural. Es el resultado de una selección cuidadísima de progenitores. Es un elemento artificial creado por el ganadero y que debe responder en su comportamiento a unos parámetros. El conjunto de estos parámetros visibles en el comportamiento y tipo del toro es lo que denominamos bravura. Éste no es un término de significación constante, todo lo contrario. En el término bravura podemos constatar que se incorporan conceptos y se descartan otros y que en cada momento los conceptos detentados por el Toro son los fundamentales del colectivo que va a contemplar su muerte y realizar posterior consumo. La forma de constatar esto podemos realizarla en positivo y en negativo. A través de los años podemos leer descripciones de corridas y comportamientos en los que se afirma “... el toro fue excelente, con una bravura extraordinaria, fue x...”. Substituyendo “x...” nos aparecen términos del tipo “noble”, “con casta”, “furioso”, “intratable”, “generoso” y otros. También verbos del tipo “transmitió”, “luchó”, “repitió”. En negativo se destacan aquellos conceptos que no se observaron en el Toro y que a priori debían manifestarse, o bien los que se manifestaron son tratados de forma peyorativa “no humilló”, “Mantenía levantada la cabeza”, “no se movió”, “no tenía fijeza”, “no repetía, se paraba en mitad de la faena”. Si observamos el concepto que en cada momento define la bravura, podemos darnos cuenta que en momentos de predominio social de la aristocracia la idea de toro igual a bueno es la de toro igual a noble. En los momentos en que hay un predominio militar el toro debe tener casta. En los momentos de crecimiento económico en el toro debe predominar la presencia y el volumen. En los momentos de dinamismo social se crean toros con mucha movilidad. Durante el boom de las comunicaciones se espera que el toro transmita. Últimamente los ganaderos buscan y conforman un toro que conserve el máximo de energías durante el mayor tiempo posible, a este tipo de comportamiento lo califican de “bravura sostenida”. Todos estos son conceptos aparecen en la sociedad pero por su novedad en cada momento el sistema no sabe si son válidos o no para la resolución de sus problemas. Vemos que el objeto, el toro, se diseña transitoriamente conforme a ellos, se expone a la sociedad a través del rito a la divinidad, la corrida de toros y finalmente es aceptado o no por el colectivo según el grado de emoción que produzca en él. Un perfecto modelo teórico para simular procesos sociales, con un coste reducidísimo de implantación si tenemos en cuenta los resultados que se obtienen.
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