La culpa, los otros y el perdón. - II : Los otros
Decía, creo recordar que era Sartre, pero no me hagáis mucho caso; ya la memoria a estas alturas no da para mucho. Iba diciendo yo, que él decía: «El infierno son los otros».
En primer lugar, quizás debido a mi insuficiente formación en temas religiosos, nunca he tenido claro qué es el infierno. Por un lado, entiendo que puede referirse a que es el origen del mal. El sitio donde habita el mal. Lugar al cual nosotros, buenos por naturaleza, iremos al haber sido infectados por él, por haber cedido a sus pompas y sus fastos.
Por otra parte, no sé si se refieren a que, en tanto que somos malos y el mal habita en nosotros, iremos al infierno donde seremos liberados del tal, seremos castigados, purgaremos y, por medio de una catarsis, de alguna forma, seremos purificados.
Lo que sí parece estar claro es que la culpa es de los otros. Hables u oigas, con quien sea, incluso en íntimos soliloquios, es evidente que la culpa no la asume nadie. Como anécdota comentaré la frase de un conocido, metido a político. Las elecciones no habían ido bien, se pedía autocrítica, ante lo cual afirmó «Los que tienen que hacer la autocrítica son los que no han salido, que iban más abajo en la lista. Yo sí que he salido. ¿Qué autocrítica he de hacer?» Un compañero del mismo me decía «No hemos ganado porque los encargados de hacer las listas, que ellos sí han salido, no han pensado en el partido, sino en ellos mismos».
La culpa de las desgracias corresponde a fenómenos naturales o divinos. Nadie reconoce echar plásticos al mar. Ninguna empresa ni persona afirma, ni en público ni en privado, que utiliza la cantidad de agua que realmente usa. Ningún ciudadano se jacta de no separar las basuras que genera. Ninguna empresa de recogida de residuos reconoce que ha mezclado alguna vez el contenido de distintos contenedores. Nadie cuenta que se deja una luz abierta innecesariamente por miedo, sentirse acompañado o simple estética. Ni hablar de comentar que el vehículo de uno es diesel.
Todo eso son los otros. El infierno, el mal, son los otros, nunca uno mismo.
Que se cae toda una corrida. El empresario: «Yo traigo lo que me piden». El veterinario: «Yo no la pasé, pero no tengo la última palabra». El presidente: «Yo hice lo que se me aconsejó por parte de los técnicos». El torero: «Yo mato lo que me echan». El veedor: «En el campo hay lo que hay». El ganadero: «Yo señalé seis toros para esta plaza y no se me ha aceptado ninguno». El aficionado: «Yo vengo porque hay corrida».
Se ha dado una oreja. El asesor artístico: «No sé para qué me preguntan». El presidente: «Había suficiente petición, si no la querían no haberla pedido». El torero: «Era de dos». El peticionario: «¿Por qué no sacan más pañuelos? ¿Es que no se dan cuenta de lo que han visto? Así no ayudamos». El no peticionario: «La culpa de que esto vaya como va, es de esos que piden orejas».
No se conceden orejas. El asesor artístico «Yo no sé por qué no me preguntan». El presidente: «No había suficientes pañuelos, si quieren oreja que la pidan». El torero: «El toro no servía». El apoderado: «La culpa es del público, que la pide a gritos, en lugar de sacar los pañuelos». Los peticionarios: «No entiendo por qué no la piden». Los no peticionarios: «No sé por qué no la da. ¿Hará falta que le digan lo que ha visto? ¿No oye a la gente?».
Parece ser que, se mire donde se mire, todos han aprendido a no ser «los otros», sino «los nuestros».
Es posible que, si la gente del toro, públicamente, reconociera haber cometido algún error, el ejemplo cundiese en la sociedad y se imitara. Un matador, simplemente, alguna vez dijese algo como: «No lo he matado bien porque no he sabido leer los terrenos del toro. Ha sido culpa mía». Un empresario: «No he acertado en la composición de la feria». Un presidente: «He pasado toros que no debían y en las corralas se ha quedado alguno que sí debía entrar, me equivoqué». El apoderado: «Me equivoqué en tal momento de la carrera de tal novillero». El aficionado: «No hice bien pidiendo el cambio del toro, que no estaba cojo, y el sobrero le dio una cornada al torero».
Publicado el 07/01/2025, nº 239 en: