La culpa, los otros y el perdón. - III : El perdón

Parece ser que, el aficionado a los toros, no sé por qué motivo, ha de justificar que lo es y, de alguna manera, pedir perdón por serlo. No sólo sucede en los toros.
Hace poco asistí a una conferencia en la que, en una intervención al final de la misma, hice una pregunta. Para hacerla utilicé el castellano. Inmediatamente, una de las personas asistentes me preguntó «¿Por qué utilizas el castellano aquí?» A lo que le contesté: «Porque tengo derecho a utilizarlo».
Parece una tontería, pero, cuando una persona ha de justificar públicamente el ejercicio de un derecho, mal vamos. Cuando a una persona se le pide que conteste a la pregunta de por qué realiza una acción, la cual no está prohibida y se ajusta plenamente a la ley vigente, realmente se le cuestiona el ser, no otra cosa.
Creo que a todo el mundo nos sorprendería si alguien nos preguntara por qué caminamos por el lado derecho o izquierdo de la calle. Nos quedaríamos atónitos si, quien sea, quisiera saber si hemos ido o dejado de ir a una manifestación y porque. No aceptaríamos que se nos preguntara sobre los usos y costumbres amatorios, que tengamos en nuestra intimidad.
Este tipo de fiscalización, dar cuenta públicamente de por qué hacemos lo que tenemos derecho a hacer, atenta al principio de libertad individual. Quien pide cuentas, se sitúa en un plano desde el cual pretende juzgar, sentenciar y ser ente de apelación. Quien pide cuentas sin venir a cuento, en el fondo de su alma lo que desea es que el supuesto infractor renuncie a su opinión, interiorice su error y tras una catarsis, pidiendo perdón por su error vital, siga la senda que él le mande.
En la calle, cuando uno se tropieza con alguien, frecuentemente le dice «Perdón»., no dice «Lo siento» y a otra cosa. Para llamar la atención de alguien que, por su trabajo, debería estar pendiente de nuestras señales, se le interpela con un «Perdón» no con un «Oiga, por favor». Frecuentemente, escucho, como primera palabra de lo que vaya a decir cualquiera, «Perdón», seguido del resto de oraciones, por las cuales en modo alguno debía de pedirse ninguna disculpa.
El perdón más frecuente que escucho pedir, es por dar una opinión. Mucho más si la opinión no se ajusta a la ideología del interlocutor. En este caso, la palabra perdón debe ir seguida de una explicación muy clara de los motivos y circunstancias que nos hacen pensar de forma distinta. Se nos exige, para ser perdonados, que reconozcamos nuestro error públicamente.
En los toros vemos reflejada esta actitud cuando, por ejemplo, pedimos una oreja, no compartida por la mayoría y nos vemos como obligados a disculparnos y justificarnos ante el vecino de tendido «Perdona, pero a mí me ha parecido una gran faena». No pocas veces veo, cuando un puñado de aficionados aplauden el arrastre de un toro, una veintena a lo sumo, que siempre hay alguno que dice aquello de «Perdón, pero ha sido un gran toro». Ya, cuando no se pide la oreja ante una petición mayoritaria, la petición de clemencia debe hacerse de forma ostensible «Perdonarás que no pida oreja, pero va a ser que no».
Parece ser que, se opine lo que se opine, se sea como se sea, la persona, especialmente el aficionado, debe reconocerse culpable y pedir perdón por serlo. Viene a ser como un pecado original, de esta sociedad actual, con el que se nace y se vive, sin posible remisión, que exige del individuo una continua actitud genuflexa.
Yo me pregunto ¿Será preciso tanto pedir perdón? ¿Le debemos algo a alguien para estar continuamente dando explicaciones de lo que sentimos ante un pase, unas banderillas, o una estocada de ley? ¿Debemos justificar nuestras emociones? ¿La culpa está en nosotros o en quienes pretenden juzgarnos? ¿Por qué se pretende que percibamos una culpa, por algo que sentimos en el fondo de nuestro ser de forma natural y se espera que pidamos perdón por ese sentimiento?
No sólo en los toros, se nos exige, como personas, que pidamos perdón por existir, por ser como somos y, humillados, nos sometamos al arbitrio de una inexistente mayoría.

Publicado el 14/01/2025, nº 240 en:

AVANCE TAURINO EN LA RED 2025

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