Planta de producción

La fábrica no tiene robots

Tendemos a pensar en un robot como una máquina que realiza, de forma repetitiva, una o varias acciones dirigidas a cumplir una función dentro de un sistema, dentro de una cadena. Esta forma de verlo es tan válida para una aspiradora automática que limpia un piso, un cortacesped autónomo, una flejadora, una paletizadora, un brazo mecánico o una máquina de testear ruedas.
En un principio, hace años, tres o más, cuando había que modificar las acciones de una de estas máquinas acudía un operario con un portátil, lo enchufaba por medio de una conexión I/O y cargaba un nuevo programa que modificaba ligeramente los movimientos que realizaba el autómata.
Hace unos años, dos o menos, la intervención ”in situ” del operario pasó a realizarse a distancia, por internet o por conexiones de intranet, pero en todo caso conectada la máquina, el robot, a una red. Esto permite que la versatilidad de las máquinas aumente ya que se pueden cambiar las instrucciones de operación mucho más rápidamente y mucho más a menudo. Se produce una conexión permanente de los brazos mecánicos, por ejemplo, al sistema informático donde residen los distintos programas que los modifican. Este simple hecho tiene varias consecuencias.
En primer lugar la relación de sujetos. Pasamos de tener un sujeto que decide qué acción debe realizar la máquina, el programador/instalador/modificador, siempre humano y un objeto, la máquina autómata, que realiza unas acciones sin poder decidir. De las funciones que realizaba la persona, hoy están detentadas por el sistema informático al que está conectado el robot: la instalación de modificaciones, entendiendo esto como el hecho físico de instalar en el autómata las nuevas instrucciones y también ya la decisión de qué programas se deben instalar para cambiar la producción, según datos de pedidos, mercado y existencia de materias primas. Por ejemplo se decide por medio de un programa todos los cambios que deben realizarse en todos los autómatas para que una línea pase de producir azulejos blancos de 15x15 a azulejos verdes de 20x20. Los programas que residen en un ordenador son enviados automáticamente a los distintos autómatas, brazos mecánicos, cortadoras, flejadoras, paletizadoras, etc ... El hecho que una máquina ordene a otra nos plantea que, o bien aparece un nuevo sujeto que es una máquina, con lo cual la relación entre hombre y máquina (Wiener, Norbert. “Cibernética o el control y comunicación en animales y máquinas”. 1948) se establece entre dos sujetos, o bien consideramos que el robot, el objeto, ya no es el autómata, sino el conjunto de autómatas y sistemas informáticos con quien intercambia información.
Bajo este punto de vista cuando diseñemos un sistema de producción, propio o ajeno, necesitamos contemplar el autómata como apéndice de un robot, el cual es el sistema al que está conectado. Ello implica tener en cuenta en el diseño, desde el principio, las futuras comunicaciones entre los distintos apéndices del robot, los distintos autómatas, las bases de datos y nuestro trabajo como programadores y encargados del mantenimiento.
En resumen, la fábrica es el robot.

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