Decisiones

Las decisiones

Uno de los temas sobre el que más se incide, cuando se habla de IA, es la posible capacidad de los sistemas automatizados para tomar decisiones. Hay determinados comportamientos en autómatas que, visto desde fuera, pueden parecer una sucesión de tomas de decisiones, pero realmente no lo son. Tomemos el ejemplo de un brazo automático en el que está girando un rotor de forma que un tornillo avanza a medida que aquel gira. Llegado a un punto de avance, el tornillo tropieza con un interruptor, activándolo. Como consecuencia de esto, el primer motor para y se activa el que acaba de ser pulsado. Este nuevo motor hace avanzar otro tornillo hacia adelante, a la vez que hace retroceder el anterior. Cuando encuentra un nuevo interruptor, interrumpe su actividad y vuelve a activar el primer motor.
Este proceso para un observador profano se traduciría en que un brazo mecánico enrosca un tornillo en una puerta de automóvil, dentro de una cadena de montaje. Cuando el tornillo está en su sitio, decide cambiar de posición y atornilla otro. Así sucesivamente. Evidentemente, no estamos ante ninguna toma de decisiones, es una simple secuencia mecánica en la que sólo interviene hardware.
Otra cosa es cuando un ojo mecánico o un lector láser decide aceptar o rechazar un determinado producto en base a un criterio de calidad.  Ya sea un azulejo que presente una coloración que no es la esperada o una rueda con fisuras inaceptables. En estos casos, el sistema decide una acción que va a comprometer al resto de la cadena de producción. Tanto si acepta como si rechaza el producto, la línea se verá afectada. Se llenará antes la tolva de desechos o se llenará antes el palet de productos listos para flejar.
Hasta dónde llega o puede llegar la capacidad decisoria automatizada, es una cuestión que nos va a influir a la hora de diseñar la creación de una cadena de producción o a planificar su mantenimiento.
Podemos partir de varios esquemas clásicos. Los niveles de decisión de Ashby-Meleesse; la estructura de decisiones de Thomas Saaty o los árboles "decisionales" de todo tipo y su desarrollo para casos sectoriales específicos.  Todas ellos tienen una serie de elementos comunes. Una jerarquía en las decisiones que se toman, una coherencia dentro de esta jerarquía, una fijación de objetivos y unos medios para medir el resultado de las decisiones tomadas con respecto a la consecución de los objetivos propuestos.
Sigo la estructura de Ashby Melésè, como la más clásica, y en ella encontramos los siguientes niveles de decisión: Nivel de mutación, responden a él las decisiones tomadas a muy largo plazo e implican la supervivencia o cambio drástico del sistema u organización, son las decisiones políticas de la empresa; nivel de evolución, decisiones tomadas a largo plazo y que afectan a la trayectoria del sistema organización o empresa son decisiones estratégicas; nivel de gestión, con decisiones a medio plazo que implican la consecución de objetivos intermedios, corresponde a la táctica; nivel de explotación que implican las decisiones sobre el terreno, de carácter inmediato y las acciones que se realizan, es la ejecución.
Cuando contemplábamos el robot como un brazo mecánico en una cadena de montaje que realizaba una serie de acciones de forma repetida y su variación dependía sólo de la activación y desactivación de interruptores de una forma más o menos compleja, pero siempre lineal, estaba claro que el robot estaba en el nivel de ejecución. Ni siquiera tomando decisiones sobre el terreno, sólo ejecutando un programa muy minucioso.
En el momento en que contemplamos toda la cadena de producción como un sistema automatizado, el propio sistema toma una serie de decisiones que afectan a otros componentes de la cadena, no de forma lineal, sino discriminada. Además, hay una separación temporal entre la decisión tomada por un componente y la ejecución de una acción por parte de otro en un momento posterior. Tomemos el ejemplo ya mencionado de un testeo de calidad a la salida de una cadena de producción. Un visor láser escanea el producto. Decide A/ es óptimo B/ no es aceptable.
En el caso de el producto ser aceptable: A/, derivará la unidad a un proceso de empaquetado. Un contador añadirá una unidad a un acumulador, si la cantidad acumulada alcanza una determinada cifra, la capacidad del recipiente, un brazo apartará la caja ya llena y pondrá otra vacía en su lugar.
Por su parte, la caja ya llena ocupa un lugar en el palet. Si este está lleno, un torito automatizado será llamado a por el palet. Llegará a su terminal de producción guiado por unas líneas amarillas, o bien por una ubicación suministrada vía satélite. Lo recogerá y llevará al almacén para, luego, volver a su punto de recarga y esperar a ser llamado.
Por otro lado, no siendo aceptable el producto: B/, las unidades rechazadas caerán en una cinta que los trasladará a un recipiente mayor en donde serán o bien destruidos o bien reciclados, dando lugar a otra serie de procesos también automatizados.
Como podemos observar, el sistema ya no sólo ejecuta acciones en el nivel de explotación, sino que también decide sobre el terreno qué ha de hacer: aceptar o no aceptar una unidad, mantener el recipiente o apartarlo, activar el torito o dejarlo recargándose, entre otras. Así, pues, decisiones que antes tomaba una persona, en éste caso a nivel de explotación, ahora la toman máquinas.
Hoy nos encontramos con que los distintos ordenadores de la empresa no están aislados, están conectados entre sí. Es decir, que los ordenadores que gestionan la producción están conectados a los ordenadores que gestionan la administración. Los ordenadores que gestionan el almacén, su espacio o carencia del mismo, están conectados a los ordenadores que reciben los pedidos de los clientes. Los ordenadores que recogen el estado de las cadenas de producción intercambian información con los de seguridad o los que gestionan la entrada y salida de energía.
Esta interconexión nos lleva a optimizar el momento en que se debe fabricar un determinado modelo u otro. Si hay una entrada de pedidos del azulejo blanco de 15 X 15 que se han de cumplir en un plazo T  y no la hay pedidos del azulejo verde de 20 x 20, el propio sistema tiene datos sobre la disponibilidad de la materia prima necesaria para la fabricación de cada modelo y, de no haber suficiente materias primas, avisa de roturas de stock. De haber suficiente material, los programas que ordenan a cada brazo mecánico, a cada autómata, qué debe hacer en caso de fabricar cada modelo y que residen permanentemente en los ordenadores, sólo tienen que ser lanzados de forma coordenada y toda la cadena de producción cambiará automáticamente la fabricación de producto.
En este caso, las decisiones que están automatizadas van más allá del nivel de explotación. Implican decisiones a corto plazo y en algunos aspectos a medio plazo. Entran de lleno en la categorización de decisiones de gestión. Son decisiones tácticas. Son decisiones sobre las cuales nadie asume una responsabilidad sobre los resultados a la vez que se da por supuesto que se va a conseguir el objetivo si no surge un problema exterior.
La actividad humana en este nivel está más dirigida a la observación y toma de datos de verificación de resultados, que a modificar comportamientos de las máquinas. El eje de la actividad humana se centra en el mantenimiento de la máquina.
Los otros niveles, evolución y mutación, hoy por hoy, siguen siendo responsabilidad de grupos, no tanto de personas individuales.
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