Lenguajes
De siempre, el mundo del toro ha generado una serie de términos que le son propios, un vocabulario que alude gráficamente a imágenes taurinas. Estos términos han sido asumidos por la sociedad en distintas formas. Desde los más sesudos ensayos, hasta el lenguaje más coloquial, pasando por la floritura política, el vocabulario taurino ha sido herramienta habitual.
Las corridas de toros eran, yo aún las considero, el espejo en el que más fielmente se refleja la esencia de la sociedad y, por tanto, los términos que nacen en el seno de la tauromaquia son los más íntimos del pueblo. Por ese motivo, tienen tan gran aceptación fuera del estricto ámbito taurino, porque vuelven a la sociedad que los ha generado, tras tomar entidad gráfica en las plazas de toros.
Hoy asistimos a un trasvase de términos procedentes de otros ámbitos, especialmente desde el deportivo, al mundo taurino. Me sorprende cómo críticos taurinos, de reconocida solvencia y saber, califican cortar una oreja como haber conseguido un gol. Un viejo aficionado sentado a mi lado me aclaraba, ante la negativa del presidente a conceder un apéndice, que era como el árbitro duro del fútbol que no deja pasar ni una. Me admira cómo, oyendo un comentario taurino en radio, se pregunta sobre "los resultados", no sobre el transcurso de la lidia, ni sobre lo que ha habido de enjundia en la misma. Cuando el diestro hierra con el estoque y da en lo duro, he oído a algún vecino decir cerrando los puños "¡Ay!, al poste". No es extraño ver en los tendidos individuos con pequeños receptores de radio, que van anunciando los resultados futboleros al respetable, a despecho de lo que ocurra en el redondel.
¿Qué significa esto? Es sabido que alguien o algo está vencido cuando asume el lenguaje del vencedor y aplica palabras que corresponden a conceptos ajenos, a los hechos que le son propios. ¿Acaso ha cambiado tanto la esencia de lo español, para que la manifestación externa de esta esencia ya no sean los toros?
De continuar las cosas como van, no tardaremos en oír retransmisiones taurinas de este son: "El líbero se interna rápidamente por la posición teórica del tercio de varas, mientras, adelantado en su posición de zaga, el suplente espera la cesión del toro". O bien algo así como: "El torero acerca al toro a fuerza de regates con su capote y driblando en el último momento frente al cancerbero montado, lo deja parado en el área interior".
La sociedad cambia y, en la medida que lo hace, nuevos valores fundamentales vienen a substituir a otros que quedan desfasados. Paralelamente, la terminología generada por aquellos conceptos ahora en desfase, tiende a la obsolescencia, en aras de nuevas palabras que reflejan más fielmente la nueva situación social. El mundo del toro, entendido como canal de expresión de la sociedad, incorpora a su lenguaje estos nuevos términos. El ejemplo más claro es el de "transmitir", vocablo de nuevo cuño en el vocabulario taurino, que resulta duro al oído del viejo aficionado, pero que viene a reflejar uno de los valores relevantes de esta sociedad en la que la comunicación asume el rango de categoría axial.
Pero, de aceptar e incorporar nuevos términos generados por la sociedad, a ver la corrida de toros como si fuera una confrontación deportiva, va un abismo. ¿Es que lo deportivo ha alcanzado tanta importancia para que su lenguaje forme parte de las corridas?, ¿o tenía razón Eugenio Noel cuando dijo "Ante la plaza de toros de Ronda, la más vieja, convertida en campo de deportes, vi la Fiesta en la agonía"?